sábado 31 de octubre de 2009

Feliz Samhain 2009

domingo 25 de octubre de 2009

Skinhead Castilla, Skinhead España

martes 20 de octubre de 2009

Esvasticas en Wasconia, tradicion manipulada

También nos hemos tenido que batir, verbalmente claro, con aquellos que nos manifestaban su repulsión hacia ella dada su utilización por la corriente separatista del moderno nacionalismo vasco. Sin entrar en grandes disquisiciones sobre este espinoso tema, visto lo anterior quedara explicada cualquier incomprensión que se pueda manifestar sobre el asunto. La esvástica intemporal aria e indoeuropea, es ajen a esta absurda polémica, puesto que su presencia remota en la Hispania septentrional anula cualquier intento de manipulación espuria o partidista. El nacionalismo vasco exhibe este antiquísimo signo (entre otros de moderna factura como la ikurriña), como símbolo de su diferencia, cuando precisamente su uso pone en evidencia todo lo contrario. Al utilizar la cruz gamada celtiberica (Lauburu) están utilizando un símbolo que les hace mas comunes, menos diferentes, ya que la gamada es patrimonio de todos los pueblos indoeuropeos, y de nosotros, sus mas directos descendientes. De este modo, la ostentación del lauburu como derivación curvilínea de la cruz esvástica de brazos rectos, no les separa, ni les diferencia, sino que les une. Les integra en una misma estirpe de pueblos indoeuropeos de cosmovisión solar, que un día en un tiempo remoto marcharon juntos desde la patria primordial hasta las tierras de Iberia.
Pero al mismo tiempo, esta demostrando que los pueblos que dieron origen y forjaron las primeras culturas de lo que hoy es el país vasco, no fueron los vascones, si no poblaciones arias celtas y proto celtas, emparentadas entre si con un mismo origen migratorio. Poblaciones que tenían un mismo tronco común con los celtas de la meseta central y norte. Así pues, los descendientes de esos arios originales que fueron expulsados con la llegada de los vascones (afincados en el pirineo Navarro en esos tiempos), son los mismos que los de gran parte de la península ibérica actual. Es por tanto un tremendo error fruto del separatismo mas aberrante, el intentar separar étnicamente pueblos que tienen un mismo origen. Y es que quizás habría que plantear la historia de otra forma, y decir a los vascos; marchense de las vascongadas, ya que esas fueron tierras originarias donde guerreros celtas, portando una misma sangre desde la meseta hasta Asturias, hicieron florecer una cultura aria, cuya máxima expresión o testimonio actual es el Lauburu. Reclamando así lo que pertenece a los celtiberos como tales, el país vasco, lugar donde nuestro pueblo, encontrará la arqueología de su pueblo ancestral ario. Cosa imposible que ocurra con el vasco, ya que la arqueología ancestral del antiguo ducado de Vizcaya, es puramente aria y no vasca.
Todo lo expuesto con anterioridad, obedece a un juego de ficción, naturalmente. Aun con bases reales para poder afianzar una ideología de “reivindicación territorial”, esta seria irrealista y bastante estúpida hoy en día. Pero no menos surrealista y alocada es la pretensión de los nacionalistas vascos de separar pueblos y tierras que han estado unidas históricamente desde sus orígenes, por la sangre y el tronco espiritual indo ario celtibero. Y es que como bien repito, el país vasco fue celtibero antes que vasco. Nuestros antepasados fueron expulsados de las tierras de Vizcaya, por los invasores procedentes del pirineo Navarro (Vascos)... exactamente lo mismo de lo que hoy en día se queja el nacionalismo, cuando curiosamente usa los símbolos ancestrales que pertenecieron a nuestro pueblo celta ario, para representar a la nación de los vascos, con un claro resentimiento anti indoeuropeo heroico solar, en pro de un exaltamiento diferencial pre indoeuropeo matriarcal.
Dicho sea de ante mano, que amo el país vasco, de la cultura identitaria vasca, de sus gentes y de sus tradiciones, y su lengua. Pero no encuentro en ello vínculos para una separación artificial y un proyecto político común nacional, mas allá del intendo diabólico de separar pueblos, que únicamente podrán sobrevivir permaneciendo unidos. Máxime en estos tiempos complicados que nos toca vivir.

Jo Ta Ke Irabazi Arte! Gora Beti Espainia!

Teolfo Rodriguez - Nova Ordis Gothorum -

sábado 17 de octubre de 2009

Orgullo inmortal

Estad Orgullosos de vuestra muerte, por que hoy...
Sereis inmortales en la historia de Europa

Diego Lopez II de Haro

Diego López II de Haro el Bueno (Nájera, cerca de 1140 – 16 de octubre de 1214), hijo de Lope Díaz I de Haro y Aldonza Ruiz de Castro, fue quinto señor de Vizcaya entre los años 1170 y 1214.
Desde 1186 aparece al frente de La Rioja, Castilla la Vieja, Asturias de Santillana, Álava y Guipúzcoa como gobernador, además de sus señoríos hereditarios.
En 1187 tuvo gran intervención en la concesión del fuero de Haro y en la confección del de Santo Domingo de la Calzada. Probablemente intervino también en la concesión de privilegios a otras poblaciones de La Rioja, como Nájera, Logroño y Calahorra.
Fue abanderado en las batallas contra los almohades en Alarcos (19 de julio de 1195), que por sus malos resultados llevó a que le apodasen el Malo y en Las Navas de Tolosa (16 de julio de 1212) bajo el mando de Alfonso VIII de Castilla y tras el gran éxito en esta batalla cambiaron su sobrenombre a el Bueno. De esta última le encargaron realizar el reparto del botín, haciéndolo sin reservar nada para él, por lo que el rey le preguntó: «¿y para vos, don Diego?», a lo que contestó: «No quiero más, señor, sino que al monasterio de Santa María la Real, de Nájera, se le devuelva la villa y el honor del puerto de Santoña, que sus antepasados antiguamente le donaron».
El rey Alfonso el 29 de diciembre de 1212 le donó con carácter hereditario el señorío del Duranguesado, con lo que reunió la Vizcaya completa.
El 19 de octubre de 1214 fue enterrado en el claustro del Monasterio de Santa María la Real de Nájera.
Durante muchos años el ayuntamiento de Nájera conservó la costumbre de presentarse en corporación ante el sepulcro de Diego en los cambios de alcaldía.

Batalla de Alarcos - Consecuencias

Como consecuencia, los almohades se adueñaron de las tierras entonces controladas por la Orden de Calatrava y llegaron hasta las proximidades de Toledo, donde se refugiaron los combatientes cristianos que habían sobrevivido a la batalla. Desestabilizó al Reino de Castilla durante años. Todas las fortalezas de la región cayeron en manos almohades: Malagón, Benavente, Calatrava, Caracuel, etc., y el camino hacia Toledo quedó despejado. Afortunadamente para Castilla, Abu Yusuf volvió a Sevilla para restablecer sus numerosas bajas y tomó el título de al-Mansur Billah (el victorioso por Alá).
En los dos años siguientes a la batalla, las tropas de al-Mansur devastaron Extremadura, el valle del Tajo, La Mancha y toda el área cercana a Toledo, marcharon contra Montánchez, Trujillo, Plasencia, Talavera, Escalona y Maqueda, pero fueron rechazadas por el renegado Pedro Fernández de Castro. Estas expediciones no aportaron más terreno para el Califato. Aunque su diplomacia obtuvo una alianza con el rey Alfonso IX de León (que estaba enfurecido con el rey castellano por no haberle esperado antes de la batalla de Alarcos) y la neutralidad de Navarra, ambos pactos temporales. Abū Yūsuf abandonó sus asuntos en Al-Andalus volviendo enfermo al norte de África, donde acabaría muriendo.
En un golpe de mano de los caballeros calatravos, sólo el castillo de Salvatierra, junto a Sierra Morena, pudo ser recuperado (1198) en los diecisiete años en los que la zona estuvo en poder almohade. Quedó como una posición aislada castellana en territorio almohade, hasta que fue tomado por éstos en 1211.
Sin embargo, las consecuencias de la batalla demostraron ser poco duraderas cuando el nuevo Califa Muhammed al-Nasir intentó frenar el nuevo avance hispánico sobre Al-Andalus. Se decidió todo en la batalla de las Navas de Tolosa que marcó un punto de inflexión en la Reconquista y el Imperio Almohade se derrumbó pocos años después.

En la actualidad, se recrea la batalla historica de Alarcos, como parte de la historia identitaria de Castilla (foto, grupo recreacion medieval Battle honours)

Batalla de Alarcos - Consecuencias y derrota

Los cristianos disponían de dos regimientos de caballería: en primera línea estaba la caballería pesada (de unos 10.000 hombres) al mando de Don Diego López de Haro y sus tropas, seguida después de la segunda línea, donde se encontraba el propio Alfonso VIII con su caballería e infantería.
Por parte de las tropas almohades, en vanguardia se hallaban la milicia de voluntarios Benimerines, Alárabes, Algazaces y ballesteros, que eran unidades básicas y muy maniobrables. Inmediatamente tras ellos estaban Abu Yahya ibn Abi Hafs (Abu Yahya) y los Henteta, la tropa de élite almohade. En los flancos, su caballería ligera equipada con arco y en la retaguardia el propio Al-Mansur con su guardia personal.
Ya'qub siguió los consejos del qā'id andalusí Abū 'abd Allāh ibn Sanadí y dividió su numeroso ejército, dejando que el ğund andaluz (soldados de las provincias militarizadas) y los cuerpos de voluntarios del ğihād sufrieran la embestida del ejército cristiano y que más adelante, aprovechando la superioridad aplastante del ejército almohade, el agotamiento y bochorno del ejército cristiano, atacaría con las tropas de refresco que mantenía en reserva, la guardia negra y los almohades.
El califa le dio a su visir, Abu Yahya Ibn Abi Hafs, el mando de la poderosa vanguardia: en la primera línea de los voluntarios benimerín. A Abu Jalil Mahyu ibn Abi Bakr, con un gran cuerpo de arqueros y las cabilas zeneta; detrás de ellos, en la colina antes mencionada, Abu Yahya con el estandarte del califa y su guardia personal, de las cabilas Henteta; a la izquierda los árabes a las órdenes de Yarmun ibn Riyah, y a la derecha, las fuerzas de Al-Andalus mandadas por el popular qā'id ibn Sanadid. El propio califa llevaba el mando de la retaguardia, que comprende las mejores fuerzas almohades (las comandadas por Yabir Ibn Yusuf, Abdel Qawi, Tayliyun, Mohammed ibn Munqafad y Abu Jazir Yajluf al Awrabi) y la fuerte guardia negra de los esclavos. Se trata de un formidable ejército, cuyos efectivos el rey Alfonso VIII había subestimado gravemente.
La carga cristiana no se hizo esperar, fue un tanto desordenada pero su impulso fue formidable. La primera carga fue rechazada por los zenetas y los benimerín, retrocedieron y volvieron a cargar para volver a ser rechazados. Sólo a la tercera carga consiguió la caballería cristiana romper la formación del centro de la vanguardia almohade, haciéndolos retroceder colina arriba, donde habían formado antes de la batalla, y causando numerosas bajas entre los benimerín (voluntarios), zenetas (que trataron de proteger al visir, Abu Yahya) y la élite Henteta donde se encontraba el visir, que cayó en combate. A pesar Abu Yahya de la muerte del visir, el ejército almohade no vaciló y prosiguió con el ataque. La caballería cristiana maniobró hacia la izquierda para enfrentarse con las tropas de Al-Andalus al mando de ibn Sanadid.
Tres horas habían pasado ya desde el comienzo de la batalla, siendo en ese momento mediodía. El calor y la fatiga comenzaron a afectar a la caballería cristiana. Aun tras recibir numerosas bajas, los musulmanes no tardaron en reagruparse, cerrando la salida a la caballería enemiga. Estos, haciendo uso de su caballería ligera al mando de Yarmun, rebasaron a las tropas cristianas por los flancos y fueron atacados por la retaguardia, lo que, junto a la labor de los arqueros y a las maniobras de desgaste, acabó por cerrar el cerco. Fue entonces cuando Alfonso VIII decidió enviar el resto de sus tropas. El ejército castellano no estaba preparado para aquella nueva táctica y finalmente se vieron en la necesidad de huir, sufriendo así una tremenda derrota. Diego López de Haro, por su parte, trató de abrirse paso a toda costa, teniendo finalmente que refugiarse en el inacabado castillo, que tras haber sido cercado por 5.000 hombres, tuvo que rendir. En cuanto a Pedro Fernández de Castro, que tuvo poca participación durante la batalla, fue enviado por el califa para negociar la rendición. A los pocos supervivientes, entre ellos López de Haro, se les permitió marchar y se retuvieron 12 caballeros como rehenes para el pago del rescate. Entre los castellanos que murieron en la batalla se encontraban los obispos de Ávila, Segovia y Sigüenza, Ordoño García de Roda, Pedro Ruiz de Guzmán y Rodrigo Sánchez; así como los Maestros tanto de la Orden de Santiago, Sancho Fernández de Lemus, como de la portuguesa Orden de Évora, Gonçalo Viegas. Las pérdidas también resultaron elevadas para los musulmanes. No sólo el visir, Abu Yahya, sino también Abi Bakr, comandante de los benimerín (voluntarios), perecieron en la batalla o como consecuencia de las heridas sufridas.